viernes, 18 de mayo de 2018

BATALLON DEL REGIMIENTO DE VALENCIA en la Guerra de África (1924-1927) - (II)







Terminado el año 1923. seguía el conflicto militar en el territorio africano y empezaban algunos soldados a regresar a sus casas, después de unos años combatiendo en aquel territorio.

Algunos de los soldados que fueron viniendo a su pueblo, Astillero-Guarnizo, y que he podido conocer fueron estos:

Alfredo Castillo
José Iraegui
Tomás Saiz
Julián Mata
Casimiro Carcoba
Manuel Setién
Tiburcio Gutiérrez
Joaquin Sierra
Daniel Selaya
Paco Cabarga
Francisco Piro
Felipe Blanco
Luis Valles
José Somonte
Lorenzo Caballero
Emiliano Berverena
Pedro González
Epifanio Gil
José Gutiérrez
Elviro Santamaria
Félix González
Pedro Olavarria
Bernardo Cantora
Gerardo Sánchez
Hipólito Díaz


Por octubre de 1924, procedente de Melilla, donde habían prestado sus servicios en el batallón expedicionario del Regimiento de Valencia, cerca de dos años, había regresado el joven Tiburcio Gutiérrez, hijo de Jesús Gutiérrez Herrán, conocido industrial de la localidad.

En diciembre de 1924, procedentes de África, llegaron a Astillero ya una vez licenciados, los jóvenes astillerenses, Alfredo Castillo, José Iraegui, Tomás Díaz, Julián Mata, Casimiro Cárcoba y Manuel Setién.

Fueron cordialmente recibidos en su pueblo y la felicitación más efusiva por haber tenido la suerte de volver sanos después de una campaña dura y peligrosa.

Por estas fechas, el soldado del Ayuntamiento de Astillero, Emiliano Berverena, se encontraba prisionero en la zona de Tetuán.



En enero de 1925, la suerte no había sido favorable a los soldados del Ayuntamiento de Astillero, que se habían incorporado a filas. Solo tres se habían librado de ir a África y entre los destinados a cubrir bajas en los Cuerpos de aquel territorio, figuraron Joaquin Sierra y Daniel Selaya, jugadores del Unión Club, cuyo equipo se vio privado de estos dos de sus mejores elementos.

También fue destinado a África, Paco Cabarga, perteneciente al orfeón Astillero-Guarnizo, del que asimismo formaba parte Daniel Selaya



En enero de 1926, había llegado procedente de Larache, el suboficial del batallón de Cazadores de África nº 8, Ernesto Curto Regata, que por espacio de muchos años había prestado sus servicios en el Regimiento de Valencia, y con cuyo batallón expedicionario asistió a todos los combates para la reconquista de las posiciones perdidas en el año 1921 y destacado en el célebre episodio de Tizza, donde varios soldados montañeses dieron su vida por España.

Posteriormente, este suboficial tomó parte en varias operaciones para proteger la retirada de las posiciones en la zona occidental del protectorado.

La llegada al pueblo del suboficial montañés, tuvo por objeto dar un cariñoso abrazo a su padre, don Enrique y aprovechar en saludar a su familia.

Una vez cumplido la visita, continuo a Zaragoza para recoger a su esposa e hijos y con ellos trasladarse de nuevo a Larache, donde le reclamaban sus deberes militares.

En la rendición de Abd-el-Krim, por junio de 1926, se encontraba entre los prisioneros el soldado del batallón, Emiliano Berverena, cuya madre había fallecido de pena durante el cautiverio de su hijo.

En las tres listas de prisioneros rescatados que habían publicado la Prensa no figuraba el nombre de Berverena, vecino del pueblo de Astillero.

Días después, se confirmaban el fallecimiento del soldado astillerense, Emiliano Berverena. Había fallecido el 20 de noviembre del año 1925, en la cabila de Bubala, a consecuencia de la  enfermedad contraída en el cautiverio, noticia que fue comunicada por su primo Vicente Berverena, dato que se le facilito el sargento ex prisionero Ballesteros.

El soldado Berverena, de Guarnizo, había jugado en las filas de la Cultural, antes de su ida al servicio.

El miércoles 24 de junio de 1926, se celebró los funerales por el eterno descanso del joven Emiliano Berverena, en la parroquia de San José.

Al fúnebre acto asistieron la Corporación municipal y demás autoridades. El Alcalde, señor Nieto, antes de la conferencia dominical del 21 de junio, dio a conocer la triste noticia de la muerte del  joven Berverena y relató el fallecimiento de la pobre madre, á quien asistió durante su enfermedad, sin duda alguna agravada por ignorar el paradero de su hijo. Pidió un minuto de silencio, puesto el auditorio en pie, como tributo del cariñoso recuerdo al joven fallecido.

En el partido jugado en los campos de sport de Astillero, los equipos del Unión Club y la Cultural de Guarnizo, salieron al campo ostentando un lazo negro y durante el encuentro se hizo una colecta a favor de la familia Berberena.

El acto religioso, costeado por el Ayuntamiento, estuvo muy concurrido por personas de todas las clases sociales de Astillero y Guarnizo, que acudieron a tributar el cariñoso recuerdo a la memoria del joven Berverena.

En la presidencia del duelo figuraban el padre del soldado, su sobrino Vicente Berverena; alcalde, señor Nieto, con la mayoría de los concejales; juez municipal, señor Azcárate y secretario, señor Garcia Vicente; teniente de la Guardia Civil, señor Pilarte y sargento de Carabineros, señor Conde.

En octubre de 1926, llegaron procedente de la zona occidental de África, donde por espacio de dos años y medio, prestaron sus servicios militares en el Centro Electrotécnico, los jóvenes, José Somonte y Lorenzo Caballero, una vez licenciados.

Ellos han asistido a innumerables operaciones de campaña, reconquista de  posiciones militares y pacificación de la zona occidental.

En diciembre de 1926, procedentes de Larache y una vez repatriado el  Regimiento de Valencia, llegaron a sus casas, los licenciados, Francisco Piró, Felipe Blanco y Luis Valles, orfeonistas los dos primeros y socio el último del orfeón Astillero-Guarnizo.



El día 13 de octubre de 1927, se celebró misa en la Iglesia parroquial de San José, por las almas de los soldados muertos en la campaña de África.

Al acto religioso asistieron una representación del Ayuntamiento, al frente, el alcalde, señor Nieto; el teniente de Carabineros de esta Sección, el contramaestre del puerto y numerosos fieles.

A primeras horas de la mañana aparecieron engalanados con colgadura muchos balcones de la calle de San José y se lanzaron bombas y cohetes anunciadores de la Fiesta de la Paz.

A las seis y media de la tarde, partió del consistorio del Ayuntamiento, con la mayoría de los concejales. En la comitiva figuraban el juez municipal, don Eliseo Azcarate; su secretario, don Tomás Garcia; teniente de Carabineros, señor Bartolomé; contramaestre del puerto, señor Guerrero, y algunos de los soldados invitados al banquete. Todos, procedidos de la Banda popular, y entre el estruendo de bombas y cohetes, se dirigieron al templo parroquial donde se celebro la misa solemne por las almas de los fallecidos en la Guerra de África.

Al final de ella, se cantó por el párroco, señor Palazuelos y por un coro de señoritas un solemne Te Deum en acción de gracias por el feliz término de la campaña africana.

Terminado el acto religioso, la comitiva se dirigió al salón Teatro-Cine, donde tuvo lugar el banquete homenaje a los soldados.

A él asistieron, Pedro González, Epifanio Gil, José Gutiérrez, Elviro Santamaria, Feliz González, Pedro Olavarria, Bernardo Cantora, Gerardo Sanchez y Hipólito Díaz, todos soldados que hicieron la campaña de África.






Grupo de soldados montañeses, jefes y oficiales, en el campamento





























viernes, 11 de mayo de 2018

BATALLON DEL REGIMIENTO DE VALENCIA en la Guerra de África (1921-1923) - (I)







Dos soldados del Astillero



Don Casimiro Tijero, (el tercero por la izquierda)



Fechas históricas fueron la de los años 1921-1926, con la Guerra de África y que estuvo implicado el municipio de Astillero-Guarnizo, al encontrarse combatiendo treinta y tres soldados de Astillero y de Guarnizo,  en el territorio africano, según datos publicados.

He podido identificar algunos de los nombres de estos soldados.

Manuel Aja
Bonifacio Fernández
Francisco Pérez
Román Martinez
Angel Espejo
Severiano Setién
Justo Tijero
Federico Ibaseta
Alejandro Ibaseta
Joaquin Ibañez
Antonio Martinez
Benito Gutiérrez
Emilio Diego
Eduardo López
Eugenio Cortabitarte
Ernesto Curto (sargento)
Valentín Cavia
Arsenio Casuso
Angel Cagigas
Francisco Ceballos
Rufino Rivas
José Cagigas
Emilio Herrera
Julio Arce
Ignacio Jimenez
Isidoro Antolín
N.Rivas

  
El día 8 de septiembre de 1921, existió un gran entusiasmo en el patio del cuartel de Maria Cristina, cuando comenzaron a dar las órdenes militares para hacer los preparativos de marcha a África.

La primera expedición de los soldados del Regimiento de Valencia, se dispuso para la una menos veinte de la madrugada, marchando, en el convoy especial de la línea del Norte, el material de ametralladoras y la primera compañía.

El resto de las fuerzas salieron a diez y cuarto de la mañana en otro tren especial.

Todos los jefes, oficiales, clases y soldados del Regimiento, más muchas personas conocidas, las autoridades todas, habían acudido a despedir a los expedicionarios.

De cuantas manifestaciones patrióticas que se habrían hecho en Santander, ninguna llegó al grandioso límite de esta despedida a los soldados del Regimiento de Valencia.

También estuvo el alcalde de Astillero, señor Castillo, con una Comisión de vecinos del mismo pueblo.

Del Ayuntamiento de Astillero, fueron con la fuerza expedicionaria diez soldados. Eran éstos: Justo Tijero (hijo de Casimiro Tijero); Federico Ibaseta, Alejandro Ibaseta, Joaquin Ibañez, Antonio Martinez, Benito Gutiérrez, Emilio Diego y Eduardo López.

El alcalde de Astillero, hizo entrega á cada uno de los soldados de aquel pueblo, de un  paquete, conteniendo algunas viandas para el viaje, envuelto en un lazo de seda de la bandera nacional y de 50 pesetas; 25 del Ayuntamiento y otras 25 de la suscripción hecha por aquel vecindario.



El día 9 de septiembre, fue la despedida que Santander tributo a la segunda expedición del batallón de Valencia, con el teniente coronel don Diego Ordoñez al frente.

En esas fechas, en el vecino pueblo de Astillero, fue acogida con verdadero éxito la iniciativa de formar un  ropero destinado a los soldados de Marruecos.

Además el señor Castillo, entregó al coronel 100 pesetas para el fondo común de los demás soldados expedicionarios.

Asimismo de otras 500 pesetas del Ayuntamiento y de las 3.297,30 pesetas, que produjo el festival benéfico destinado para este motivo.

Entre los expedicionarios salieron para Almería, dos soldados hermanos  astillerenses, incorporados en las filas del Regimiento de Valencia, Alejandro y Federico Ibaseta



En la  fecha 11 de septiembre, don Casimiro Tijero salió para Almería, para acompañar a su hijo Justo, que había marchado en el regimiento expedicionario.

El alcalde de Astillero, ya había recibido cartas de los soldados de aquel pueblo que venían luchando en África y se encontraba  informado de los acontecimientos que se venían surgiendo en aquella zona.

Los muchachos manifestaron su reconocimiento a cuantas atenciones habían recibido de su Ayuntamiento y se expresaron con levantamiento espíritu militar, ofreciéndose dar sus vidas por la Patria.

Firmaban la misiva, los soldados que estaban luchando a las órdenes del teniente coronel señor Mela; Manuel Aja, Bonifacio Fernández, Francisco Pérez, Román Martinez y Angel Espeso.

Estos soldados, recibieron su bautismo de fuego, en las faltas del Gurugú.

De tantas iniciativas para mejorar la situación de los soldados montañeses en campaña, fue urgente subvenir las necesidades importantísimas relacionadas con su más perfecta atención, tales como dotarles de elementos para el abastecimiento de agua, por las dificultades del transporte de aquella dentro del territorio marroquí.

Este defecto fue observado por el astillerense, don Casimiro Tijero, padre de uno de los soldados expedicionarios del batallón de Valencia, quien, siguiendo a su hijo, marchó a África a enterarse por sí mismo de todo aquello que necesitaría el batallón.

Don Casimiro Tijero, para quien el agradecimiento que le dedicaría Santander, seria siempre poco, volvió a la Península a subsanar aquella falta importante, poniendo en la empresa toda su voluntad y consiguiendo reunir en los salones del Círculo Mercantil a los padres de los soldados montañeses, a quienes expuso su idea de regalar a los batallones de Valencia y Andalucia, cuatro auto-aljibes.

La idea fue aceptada en el acto, uniéndose a la primera comisión los señores, don Casimiro Tijero, don Alberto Corral, don Francisco Mirones y don Avelino Zorrilla.

Por entonces dos batallones, formados en gran parte por montañeses de los regimientos de Valencia y el de Andalucía, combatían ya en el suelo africano, soportando todas las inclemencias de un clima hostil.

Lo soldados españoles en África necesitaban agua. La Comisión nombrada y una representación de los padres de los soldados, decidieron constituirse en una Junta única, encargada de encauzar todas las iniciativas y de atender las necesidades morales y materiales de los soldados santanderinos.

Simultáneamente que se llevaban a cabo las gestiones para adquirir el aeroplano y los tanques aljibes, la Comisión tuvo otra iniciativa, que la provincia recibió con gran aplauso: la de montar una Oficina de información, que funcionase a la vez en Santander, Málaga y Melilla.

La oficina de Málaga se puso bajo la inspección del vocal de la Comisión, don Casimiro Tijero, quien ostentaba en aquella ciudad andaluza la representación de Santander, teniendo entrada libre en hospitales, sanatorios, además tenía pasaje gratuito en aquellos vapores de la Compañía Transatlántica que hacían viajes de Málaga a Melilla y viceversa.

Los tanques aljibes fueron encargados a las casas de los señores Corcho Hijos y Manuel Galdona. 

Los chasis donde habían de montarse fueron encargados a la Casa Ford.

Cada tanque tenía su correspondiente bomba con tuvo de succión y otros de impulsión en pedazos intercámbiales, bastando veinticinco minutos para llenar cada aljibe.

Estos fueron entregados en Nador, el día 28 de octubre de 1921, a sus respectivos batallones.



El 29 de septiembre la columna del general Tuero se concentró en Garet para llevar varios convoys a las posiciones del zoco el Hach, Tizza, Sidi-Hamet-el-Hach. A este columna fue unido el batallón del Regimiento de Valencia, que ese día habría de cubrirse de gloria en el combate más duro de la campaña.

Después de varias horas de fuego, los moros, ante el tremendo ataque de nuestras columnas, emprendieron la retirada escalonada, no obstante, las tropas, con extraordinario arrojo, iniciaron el asalto con el general Cavalcanti y su Estado Mayor a la cabeza y en medio de un diluvio de balas.

Momentos antes de llevarse a efecto la entrada en Tizza, del convoy, la tercera compañía del batallón de Valencia, escribía una página de gloria. El momento fue grandioso y emocionante.

En las manos de los soldados de la tercera compañía de Valencia, mandada por el capital Ramírez, estuvo durante un gran rato el buen éxito o el fracaso de la operación.

Los soldados del batallón de Valencia se habían portado mucho mejor de lo que podía esperarse de tropas que entran en fuego por primera vez.

El batallón expedicionario de Valencia fue uno de los Cuerpos que más se distinguieron en la lucha en Tizza.



El 4 de octubre, se informaba que el soldado Severiano Setien se encontraba enfermo y seria evacuado a Málaga, dentro de unos días. Noticia que se había trasladado a su hermana Jesusa, en el Astillero.

En Astillero ya estaba funcionado El Ropero, para recoger toda ayuda a favor de los heridos y enfermos de la guerra de Marruecos.

Una primera recogida fueron 27 mudas compuestas cada una de camisa, calzoncillo, pañuelo y par de calcetines, para ser remitidas a los 27 soldados de ese pueblo.



En las fechas del 12 octubre, en el escaparate de la Confitería de la calle San José, se exhibían enormes paquetes de mudas ya preparadas y acabadas por las jóvenes de la localidad, para los soldados en general y una muda completa para los de casa, en particular.

El café Angelín era el centro de información para todos; acudían diariamente, para recabar noticias, que les venía facilitando el amigo don Angel Díaz, un hombre de todo corazón, que gracias a él,  los vecindarios se enteraban de los telegramas y cartas que emitía o recibía él personalmente.



Los primeros días de octubre de 1921, habían sido gloriosos para los Ejércitos españoles. Una serie de operaciones bien concebidas con una precisión que solo es posible cuando se trata de tropas valientes, habían tenido por resultado la ocupación del Gurugú

Un volteo general de campanas, los disparos de los cañones de la plaza, el desbordamiento del entusiasmo general, anunciaba que se acaba de aparecer en el Gurugú, la bandera española. El Ejercito se había posesionado del monte fatídico.

Uno de los soldados, Julio Arce Alonso, del batallón de Valencia, había escrito a su madre, doña Carmen Alonso, residente en el Astillero, una carta en que la contaba lo ocurrido en la toma de Tizza, en la siguiente forma:

"En el aprovisionamiento a la posición de Tizza se entablo un duro combate. A nuestro batallón le concedieron el puesto de honor en la vanguardia, juntamente con las fuerzas de Regulares y al grito de ¡Viva la Montaña! entró la compañía en sucesivas cargas a la bayoneta, penetrando en la posición con el comandante general y dos compañías de Ingenieros.

A mí no me cupo tal suerte y honor, pues á las doce y media me tumbaron un par de balas que me atravesaron ambas piernas por la parte baja de la rodilla, sin que haya habido lesión ósea. Me recogieron unos compañeros y ni por el momento perdí la serenidad, no obstante el dolor que sentía en la piernas, que hasta hoy he tenido inmóviles. Yo mismo dirigí mi primera cura, que me hizo un amigo.

Estoy contentísimo de haber sido uno de los héroes. Fue trasladado al hospital de Melilla".

Los soldados del Astillero, Eduardo López, Valentín Cavia, Francisco Pérez, Arsenio Casuso, Angel Cagigas, Francisco Ceballos, Rufino Rivas y José Cagigas, a través del periódico el El Cantábrico agradecían cuanto su pueblo y especialmente a las muchachas del Astillero, estaban haciendo por ellos.

Habían recibido ya la primera remesa de ropa interior y se les anunciaba otros envíos.



El 28 de octubre, se celebró en el Salón Cortabitarte una función teatral a beneficio de los soldados del pueblo que se encontraban en África.

Un acto heroico de un soldado de Astillero, Alejandro Ibaseta, quien tenía otro hermano en África y en el segundo batallón del laureado regimiento de Valencia.

En el combate de Tizza, al atacar a la bayoneta para tomar una altura, cayó gravemente herido el soldado Severiano Setién, de Astillero. Alejandro Ibaseta al verle caer, atravesó, con desprecio de su propia vida, y en medio de un diluvio de balas, varias líneas de fuego, para salvar a su compañero y evitar que cayera en poder de los rifeños, consiguiéndole trasladarle a la ambulancia, distante de la línea de fuego más de un kilómetro.

En Astillero, un grupo de señoritas, Castillo (Luisa, Mercedes, Amalia y Vicenta), de Bedia (Rosario y Elisa) y Ramonita Vega, habían constituido espontáneamente e iniciadoras de una Comisión para recaudar unas pesetas con que poder hacerles la Nochebuena a los soldados de la localidad.

Con el dinero habían adquirido comestibles (salchichones Thon Mariné, turrones, queso de bolba y pasas) acompañando vino Rioja, para enviárselos a los soldados.



Grandioso recibimiento al soldado Severiano Setién el día 16 de enero de 1922, que había conquistado las simpatías de todo los astillerenses, sabiendo la forma gravísima en que fué herido el día del tristemente célebre convoy a Tizza y su llegada al pueblo.

La entusiasta "Peña Angelín" estimulada por Lavín (don Cándido), organizó la caravana para recibirle en la estación de Boo.

En la estación estuvieron el señor alcalde, don Felipe del Castillo y algunos concejales; las damas del Ropero, doña Enriqueta de Amel y doña Dolores G. de Rozas; el capitán de la Guardia Civil, señor Escobar; el ex-oficial de la Guardia Civil, señor Otero, señores Casuso, Cortabitarte y Castillo.

El regreso al Astillero se hizo a pie, y en el pueblo se repitieron las manifestaciones de simpatías.

Días antes, había llegado el soldado Eugenio Cortabitarte, hijo político del señor Azcarate.

Hermosísimo acto llevado a cabo por las jóvenes astillerenses, las cuales, asaltaban a las personas solicitándolas un dinero para los soldados y el resultado le fue tan satisfactorio, que con la cantidad recaudada pudieron confeccionar un bonito aguinaldo para los treinta y tres soldados del Astillero.



El 22 de noviembre de 1922, desde el Ropero del Astillero, enviaron a Melilla por el vapor "Torres y Bages" de la Compañía Transmediterránea, 200 colchonetas de urgencia necesidad. Eran miles de soldados que dormían en el suelo y esta benéfica institución creía necesario esa ayuda.



El 24 de noviembre, el sargento  de ametralladora del batallón expedicionario de Valencia nº 23, Ernesto Curto, desde Nador, envió una carta como testimonio de reconocimiento a la benéfica labor del Ropero de Astillero.



El 30 de septiembre de 1923, Santander tributa un grandioso recibimiento a los repatriados del Regimiento de Valencia.



El 4 de diciembre de 1923, regresaron de África, donde estuvieron por espacio de 29 meses, luchando bajo la bandera del Regimiento de Valencia, los jóvenes de esta localidad, Federico Ibaseta, Emilio Herrero, Ignacio Jimenez, Isidoro Antolín y N. Rivas.



La Guerra de África o también llamada la Segunda Guerra de Marruecos, fue un enfrentamiento originado por la sublevación de las tribus del Rif, una región montañosa del norte marroquí, contra las autoridades coloniales española y francesa, concretada en los Tratados de Tetuán (1860), Madrid (1880) y Algeciras (1906), completado este con el de Fez (1912), que delimitaron los protectorados español y francés, cuya vida administrativa y geográfica se inicio en 1907, conflicto en que participaron también tropas francesas, pese a haber afectado principalmente a las tropas españolas.

En el año 1920, tras la firma de Fez, la zona norte marroquí fue adjudicada a España como protectorado. El comienzo del mismo lo fue también de la resistencia de las poblaciones rifeñas contra los españoles, desencadenando un conflicto que se alargaría durante años.

En 1921, las tropas españolas sufrieron un grave desastre en Annual, amén de una rebelión acaudillada por el líder rifeño Abd el-Krim.

Los españoles se retiraron a unas cuantas posiciones fortificadas mientras Abd el-Krim llegó a crear todo un Estado independiente: La Republica del Rif. El desarrollo del enfrentamiento y su fin coincidieron con la dictadura del general Primo de Rivera, que se ocupó de la campaña de 1924 a 1927. Además, tras la Batalla de Uarga (1925), los franceses intervinieron de lleno en el conflicto y establecieron una colaboración conjunta con España, que culminó con un desembarco en Alhucemas. Hacia 1926 la zona había sido pacificada, rindiéndose Abd el-Krim en julio de 1927 y obteniéndose la reconquista del territorio anteriormente perdido.

Esta guerra dejó un profundo recuerdo tanto en España como en Marruecos. Tras la independencia de Marruecos en 1956, todavía tuvo lugar una revuelta rifeña contra el sultán, secuela del anterior conflicto armado.

La guerra de Marruecos fue en general mal vista y provocó importantes conflictos en la sociedad española en esos momentos























viernes, 4 de mayo de 2018

ANDRES SUAREZ "CHOPERA" un gran astillerense












El 15 de septiembre de 1974, en Logroño, coincidiendo con las Fiestas de San Mateo, se celebró el Festival de la Chuleta al Sarmiento, donde participaron decenas de cuadrillas de distintas regiones.

El desaparecido periódico local "La Gaceta del Norte" titulaba con exagerada tipografía: "Pantagruélico Balance: 23.100 chuletas, 7.900 litros de vino y 1.800 barras de pan".

Más de 2.200 kilos de carne, que suponían unas 23.000 chuletas, más 7.900 litros de vino y 1.800 barras de pan, era el pantagruélico balance del IX Festival de la Chuleta de Sarmiento, celebrado en Logroño y al que asistieron 50 cuadrillas de todos los puntos de España, principalmente norteños.






Se proclamaron vencedores de esta edición, la cuadrilla logroñesa compuesta por Emilio Santander, José Amilburu, Emilio Fadón y Manuel Flores, que consumieron un total de 9 kilos de carne en bruto y un neto de 7,5 kilos. Los segundos clasificados -una cuadrilla madrileña- comieron 7,4 kilos netos también.

También participaron la cuadrilla astillerense, por: Andrés Suarez "Chopera", Joaquin Enales, Florencio Urbistondo y Esteban Rey, que estuvieron regulares.

El certamen se celebró en dos fases, uno por cuadrillas y el otro en individual.

En cuanto al premio individual, resultó ganador el astillerense "Chopera", que devoró la respetable cantidad de 84 chuletillas, bien asaditas ellas y remojadas con dos litros y medio de vino y el concurso duró dos horas.

El espectáculo gastronómico fue presenciado por más de 10.000 personas y se llevó a cabo en la céntrica calle de Logroño, avenida de Colón.

Al regresar a su pueblo, Andrés, dijo que era la primera vez que participaba en un concurso de este nivel y lo hizo porque le animaron los veteranos del Logroñés, por la amistad que les unía en los partidos que jugaban contra los  veteranos del Unión Club.

Comentó que hasta el numero de setenta chuletillas la paso bien, pero después ya le costó más con ellas. Bebió dos litros y medio de vino, para ayudar a pasar las chuletillas.

Al segundo le saco dos chuletillas, que era madrileño.

Así de superlativo era el festival gastronómico más potente de España.

Grata noticia para recordar a nuestro amigo "Chopera", grande como persona y querida en el pueblo, siempre colaborando en cualquier evento deportivo, bien del Unión Club, como de la C.D. Remo de Astillero.

Para mí, una bellísima persona. Este año por todos los Santos, ya no le vi en la misa de Muslera, donde siempre asistía y ocupaba el último banco, era su sitio y donde coincidíamos siempre.

Nacido en San Salvador, falleció el 8 de enero de 2.017.









viernes, 27 de abril de 2018

JOSE MARIA ORENSE astillerense ilustre












Don JOSE MARIA ORENSE, el 29 de octubre de 1880, murió en el pueblo de Astillero, donde hacia un tiempo venia residiendo y después de una larga y penosa enfermedad.

El domingo a las doce y media fue conducido al cementerio el cadáver del notable don JOSE MARIA ORENSE, marques de Albaida, que tan estimado era en la ciudad de Santander.

El acompañamiento fue numeroso y en él se encontraba personas de todas las clases sociales y de todos los partidos.

Sobre el féretro, y en el coche fúnebre que iba de respeto arrastrado por seis caballos, se encontraba varias coronas fúnebres.

Las cintas del féretro conducido a hombros, las llevaban, don Antonio Maria Coll y Puig, don Santos Landa, don José Maria Herras Valdivielso, don Antonio Fernández Castañeda, don Eduardo Cagigal y don Juan José Oria.

La música de la ciudad seguía el cortejo tocando marchas adecuadas al acto y los balcones estaban llenos de gente.

En el cementerio se pronunciaron varios discursos y se leyó una sentida composición poética.

Puede decirse que Santander entero se asoció ese día de la manifestación profundo dolor que se hacía ante el féretro del inolvidable Orense.

A las diez y media de la mañana la comisión de duelo, compuesto de representantes de los partidos democráticos de esta capital salió en un vapor de La Corconera con dirección al Astillero a recoger el ataúd que encerraba los restos del ilustre finado.

Cada una de las comisiones pertenecientes a los partidos posibilista, democrático-progresista y democrático histórico, llevaba una corona fúnebre con sentidas y cariñosas inscripciones para depositarla encima del féretro.

La comitiva en el Astillero desde la casa mortuoria al muelle de la Corconera, llevando las seis cintas de la caja por los señores, D. Eduardo Cagigal, D. Santos Landa y D. Antonio Fernández Castañeda, como diputados de las Cortés, que presidió el señor Orense y D, José Maria Herras Valdivielso, D. Juan José Oria y D. Antonio Maria Coll y Puig en representación respectivamente de los partidos posibilista, demócrata progresista y democrático-histórico.

En la cámara de primera del vapor quedó cuidadosamente preparada; al fondo un pequeño crucifijo, las cuatro grandes cirios puntualizando el cuadro bien sujetos, para prevenir los movimientos del barco, y por último, el suelo cubierto de lujosa alfombra completaban la severa ornamentación de la cámara mortuoria dispuesta para recibir los restos mortales del fallecido.

La familia había anunciado el duelo omitiendo intencionadamente las señas del domicilio para que fueran los asistentes directamente al muelle.

El comunicado decía así:

"Ruego asistan a la conducción del cadáver desde el muelle de la Corconera, en este pueblo, para ser conducido en uno de estos vapores y enterrado en el cementerio de San Fernando".

El féretro se colocó en el centro de la cámara y a los lados de ésta, sentados en los bancos, los acompañantes muy severamente vestidos y respetuosamente silenciosos durante todo el trayecto, sin oírse más ruido que el de la máquina.

Colado el ataúd en uno de los vapores, en el que también se embarcó la fúnebre comitiva y con otro vapor de respecto, llevando ambos la bandera española y la de la matricula á media asta, hicieron la travesía por mar llegando al muelle de Santander, que estaba lleno de gente, desde las doce de la mañana esperando.

Inmediatamente se desembarcó el ataúd para colocarle en el carro fúnebre y aquí fue donde ocurrió un incidente conmovedor, que prueba de una manera la gratitud que expresaba por el señor Orense.

Cien voces salineros de distintos puntos entra la multitud que rodeaba el féretro, pidiendo que esta no fuera colocado en el coche y otros tantos individuos pertenecientes a la clase trabajadora se presentaron a solicitar la honra de conducirle en hombros.

No quedo más remedio que acceder a tan justísima petición, así como permitir que todos los que lo solicitaron participaran de aquella honra, renovándose de trecho en trecho.

En el momento de partir la fúnebre comitiva la lluvia empezó a ser copiosa, pero no por eso disminuyó la concurrencia. Puede calcularse que caminaban detrás del ataúd más de 4.000 personas, acompañamiento nunca visto en la capital.

Varios amigos cariñosos y entusiastas admiradores del finado, pertenecientes al distrito de la Constitución de esta ciudad, colocaron sobre el féretro en el muelle otra magnifica corona con una inscripción tan honrosa como expresiva.

Todas las calles del tránsito, que fueron muelle de Calderón, plazuela de la Dársena, Atarazanas, cuesta del Hospital y calle Alta, hasta llegar al cementerio, estaban llenas de gente viendo pasar el fúnebre cortejo y todos los balcones de la carrera se hallaban también atentados de personas.

Así llegó al Campo-Santos y colocado el ataúd en la capilla y en medio de mayor recogimiento por parte de todos los que se hallaban presentes hizo uso de la palabra el distinguido catedrático de retórica y poética del Instituto Provincial, don Santos Landa, pronunciando un sentidísimo y elocuente discurso que conmovió profundamente al auditorio.

Sin previo aviso y de una manera espontánea la banda de música de la ciudad, se presentaron acompañar al cadáver en el Campo-Santo, tocando durante el acto algunas marchas fúnebres con la maestría que les distinguían.

Era el señor Orense el noveno marqués de su título y murió tras haber cumplido setenta y siete años. Había nacido en Laredo en el seno de su familia, a la que si sus títulos nobiliarios, ni las preocupaciones de su época, le impidieron abrasar con entusiasmo la causa de las libertades públicas desde los primeros años de la revolución política y social.

Su conducta le valió el destierro, noblemente sobrellevado por la familia del señor Orense, en Inglaterra desde que comenzó la reacción absolutista en 1823. En la vida practica de aquel país fué donde el último marques de Albaida aprendió los beneficios de la libertad que más tarde comenzó a propagar en nuestra país, cuando apenas se comenzaba a sacudir los últimos vestigios del absolutismo.


Biografia:(http://www.ecorepublicano.es/2018/01/jose-maria-orense-1803-1880)

Don José Maria Orense y Milá de Aragón, Marques de Albaida, fue un político español, nacido en Laredo, el 14 de octubre de 1893. Era hijo de Francisco Orense, octavo marqués de Albaida, y de Concepción de Herrero. Estudió las primeras letras en Bilbao y Filosofía en la Universidad de Oñate.

En 1820 se inscribió en la Milicia Nacional Voluntaria de Laredo, con la que hizo diversas salidas contra las facciones, entre ellas la de Cuevillas. En 1823 emigró a Inglaterra: discretamente socorrió a algunos compatriotas. En 1827 se casó en Londres, con Gertrudis Liyaur, dama bella y adinerada. Viajó por Inglaterra y por los Estados Unidos.

Regresó a España con la amnistía y fue elegido, el 18 de noviembre de 1833, diputado de la Junta de armamento y defensa de Santander.

Complicado, en 1834, en la llamada "Conspiración Isabelina", fue condenado a las cárceles de Madrid, y al poco tiempo liberado. Colaboró por entonces en El Duende liberal y en el Tribuno, por lo que fue de nuevo apresado el 17 de noviembre de 1836; se trataba en realidad de un asunto semejante al de 1834; la defensa de la Constitución de 1812 era asimilada por las autoridades al republicanismo. Regreso entonces a Santander, pero ante la presencia de bandas carlistas optó por trasladarse a Francia. En su persecución, las tropas liberales quemaron las ferrerías que Orense poseía en Santander.

El 7 de octubre de 1841 se halló en Madrid entre los defensores de la ciudad. El 27 de marzo de 1842 presentó un informe sobre el arreglo del sistema tributario, primera producción suya. Diputado por Palencia en la segunda legislatura de 1843, siguió representando a la provincia de 1844 a 1846, 1851-1852, 1854-56 y 1873-74, y a Santander en 1847-1850. De talante progresista, publicó en Madrid, en 1847, su programa de gobierno: ¿Qué hará en el poder el partido progresista?, al que siguieron sus folletos contra el Concordato: ¿A qué viene el Sr. Brunelli? y El Concordato, ambos editados en Madrid, en 1847. En 1848 dirigió el intento revolucionario de Madrid, al frente de ochocientos hombres y cantando la Marsellesa. Esto le valió el epíteto de El Mazzini español y la obligación de emigrar a San Juan de Luz. Publicó en Pau (1848) A L'Assemblée Nationale, y en julio de 1849, en carta desde Biarritz a Balart y Nemesio Fernández Cuesta, se considera a sí mismo "republicano y librecambista, enemigo del socialismo y contrario a la farsa de la Monarquía constitucional".

Volvió a España en virtud de la amnistía de 1850, pero fue de nuevo encarcelado por sus ataques a Narváez e, indultado en 1851, se exilió en Bruselas. Preparó allí sus obras Demostración de que las reformas propuestas por Orense están ya ensayadas (Bruselas, 1851), Sres. electores del distrito de Palencia (Bayona, 1851), Sistema del gobierno español en materia de elecciones (Bayona, 1851) e Historia del partido liberal en España, Introducción (Bruselas, 1852), con traducción francesa. La policía española le acosó en Bayona, con lo que Orense se quejó ante las Cortes en 1853. Insistió en su programa republicano individualista durante la revolución de 1854, y publicó luego Los Fueros (Madrid, 1859), La democracia tal cual es (Madrid, 1862), Treinta años de gobierno representativo en España (Madrid, 1863) y Programa democrático (Madrid 1864). En 1866 fue elegido presidente del comité democrático de Madrid, pero la jornada del 22 de junio le obligó a emigrar otra vez y no regresó a España hasta la Revolución de 1868.

Fue presidente del comité electoral republicano y diputado a las Constituyentes por Valencia. Publicó  entonces Ventajas de la Republica federal (Madrid, 1870) folleto con el que trataba de combatir la empleomanía y pedía el paso de manos privadas del patrimonio real, las minas y los montes, los baldíos y los realengos (folleto publicado primeramente en el periódico republicano de Madrid La Igualdad). No obstante, este título, en lo social su programa resultaba contraproducente, pero lógico con la evolución del siglo. Su último título fue Derecho público republicano democrático federal (Bayona, 1870). Este mismo año, al proclamarse en Francia la República, quiso organizar una legión de correligionarios españoles para ayudar al vecino país.