viernes, 11 de agosto de 2017

ASTILLERO atraco a los Bancos Santander y Mercantil el 21 de marzo 1934








El 21 de marzo de 1934, se efectuó dos atracos en este mismo día, primero al Banco Santander que se encontraba situado en el edificio de la calle San José nº 2, que aún permanece y que estuvo instalado la Zapatería Margut.

Después, al Banco Mercantil, que se encontraba en la calle San José nº 27 y que hoy es la oficina del Banco Santander.

Acontecimiento que llamó la atención en la provincia y que tuvo a la Guardia Civil en alerta durante varios días, hasta que cerraron el expediente, al no encontrar ni atracadores ni el botín robado.

Los hechos ocurrieron así, según la prensa santanderina, en los atracos a ambos Bancos.

Los atracadores abandonaron tranquilamente el Banco y montaron en el automóvil que les esperaba a la puerta, despareciendo a gran velocidad.

El director y los empleados, así como los clientes, permanecieron encerrados por espacio de un cuarto de hora, al término del cual, fueron puestos en libertad por el encargado de las obras de las escuelas que se estaban construyendo a pocos metros del Banco. Este señor pasaba ante las oficinas y observando que algo anormal debía ocurrir, entró y no viendo a nadie, recorrió todas las dependencias hasta dar con los empleados encerrados.

Pronto llegaron desde Santander, el director del Banco de Santander, son Emilio Botín y el subdirector, don Gabino Gómez, enterados de lo ocurrido.

La oficina tenía un pequeño "hall" y una mampara de vidrio en los mostradores del Banco. Dentro se halla el despacho del director, comunicándose con el resto de las dependencias por una puerta vidriera. A la izquierda, junto al muro, la caja de caudales, a cargo del cajero.

Verificado el arqueo, se notó la falta de cuarenta y ocho mil pesetas en billetes del Banco. Los asaltantes no quisieron cargar con la plata de la que había varios miles de pesetas, sin duda porque el peso era una enojoso impedimento.

Simultáneamente al asalto al Banco de Santander, se estaba perpetrando otro en las oficinas de la Sucursal del Banco Mercantil.

El hall de esta oficina, es más amplio. Mide unos diez metros de fondo por cuatro de ancho. En uno de los ángulos de la mampara, hay una pequeña puerta de acceso a las dependencias. A la izquierda de la entrada se halla situado el despacho del gerente.

Aunque no está completamente aclarado, parece que también eran cuatro los asaltantes. uno de ellos se quedó a la puerta, haciendo que leía un periódico, mientras los tres restantes tomaban estratégicamente las ventanillas encañonando a los empleados.

El director del Banco Santander, don Severiano Setien, explicaba a la prensa, como había sido los hechos:

" Serían aproximadamente las cuatro y media o cinco menos cuarto de la tarde. Me hallaba yo en mi despacho donde me dedicaba a ultimar las operaciones del día, cuando me vi sorprendido con la presencia de un sujeto, casi un muchacho. Vestía traje oscuro, gabardina y tenía la boina puesta. No se cubría el rostro, y con la mayor serenidad, pero también con la mayor energía, me dijo:

¡Manos arriba! ¡Ni una voz ni tocar el timbre de alarma ni el menor movimiento! ¡A la menor sospecha, le levanto la tapa de los sesos!

La escena se repitió en todas las ventanillas. Por cada una de éstas y eran tres, una de la Dirección, otra de la Intervención y otra de Caja, apareció una pistola y detrás sonó una voz profiriendo idéntica amenaza.

Como carecíamos de pistolas a nuestro alcance, levantamos las manos en alto. Y los empleados nos fuimos, por natural instinto de defensa, agrupando. Entonces penetró un muchacho joven, de pequeña estatura, también armado de una pistola, y, enérgico y resuelto, nos dijo:

Sin bajar las manos, sin dar el menor grito, sin oprimir el timbre de alarma, todos al retrete.

Cumplimos la amenazadora orden y mientras tanto los atracadores estratégicamente, se disponían a apoderarse del dinero. Para ello hicieron la siguiente distribución: uno se colocó en la puerta; otro, situado frente al grupo que formábamos los ochos empleados, nos amenazaba con su pistola, y los otros dos se apoderaban del dinero.

Pero, ¿la caja estaba abierta?

Si; estaba abierta, porque existe esa costumbre y porque es precisamente la hora de realizar todas las operaciones de caja, guardando en ésa la recaudación del día, el dinero que traen los cobradores...

¿De manera que se fueron a la caja?

Sí; pero no debió satisfacerles lo que veían, porque uno de ellos vino donde estaba el grupo, preguntó quién era el cajero y cuando se lo dijimos, obligó a Anastasio Oria, a que les acompañase hasta la caja. "

En el momento del atraco, llegó a la sucursal del Banco de Santander y penetró tranquilo y resuelto, hasta una de las ventanillas, don Julio Fernández Barros. De pronto se encontró encañonado por una pistola y una voz amenazadora, le decía: " Por aquí, sígame, con las manos en alto y sin hacer el menor movimiento  ". Don Julio Fernández Barros cumplió la orden y con las manos en alto atravesó las oficinas y se sumo al grupo.

Poco después llego el notario de Astillero, don Gelso Romero. Y se repitió la operación. Con las manos arriba tuvo que incorporarse al grupo, mientras los atracadores seguían su labor.

En ese momento llegó a la sucursal del Banco, don Rafael Arnaiz, conserje de la Orconera.

- Vengo a imponer...

Los ladrones no le dejaron continuar

- ¿Cuánto? venga....

Don Rafael Arnaíz, un poco sorprendido, se quedó mirando al que le preguntaba, y le dijo:

- Son sesenta pesetas. Fruto de mis ahorros...

El atracador, se mostro indulgente.

- Tenga, nosotros no queremos dinero de pobres. Pero pase usted al grupo. Y hacia el lavabo fué también el conserje de Orconera.

 Mientras los atracadores se apoderaron de todo el dinero, en billetes y en plata -de ésta una gran cantidad- y salieron.

La salida fue de película policiaca. Con las pistolas apuntando al grupo, andando hacia atrás, y uno de ellos con una sonrisa de satisfacción, de triunfo.

Montaron en el automóvil que les aguardaba y salieron huyendo.

¿Cuánto fué lo robado?

De una manera exacta, no puede afirmarse, pero la primera operación de arqueo demuestra que pasa de cuarenta y ocho mil pesetas y que se aproxima a cincuenta mil.

La oficina del Banco de Santander, en esos momentos, se encontraban los siguientes empleados:

Don Severiano Setién, director; don Angel Sáez de la Maza, interventor; don Anastasio Oria, cajero; don Luis San Millán, don José San Emeterio, don Pedro Corral y don Pedro Taborga, auxiliares..

Ya en el Banco Mercantil, la prensa consigue entrevistar al director de la Sucursal. Ante la presencia de los consejeros que habían traslado desde Santander y del director del Banco, don Luis Catalán y el consejero don Paulino Garcia del Moral.

El Director cuenta los hechos ocurridos:

"  En el momento del atraco y un poco antes, una joven, hija de don Juan Cobo, comerciante de Boo y don Celestino Quintanal, hijo de la señora viuda de Quintanal, de Maliaño, oí una voz femenina. Reconocí que era la de esa joven. Luego oí, otras voces, que me eran extrañas; pero no lo di importancia. Más de pronto se abrió la puerta de este despacho y me encuentro con que, un sujeto avanza, resuelto y decidido hacia mí, con una pistola en cada mano. Y poniéndomelas sobre el pecho, me dice: " Si da usted una voz, un grito; si hace un movimiento o toca un timbre, le mato "

Era un hombre fuerte alto, grueso, vestido con traje marrón y cubierta su cabeza con una boina. A cara descubierta me dijo:  "Abandone usted el despacho, y a unirse con todos donde les encerremos ". Levanté los brazos y me dispuse a obedecer. No había otro remedio. Estaba desarmado y la decisión del atracador era resuelta.

Mientras otro atracador armado de una pistola, cuidaba la puerta y otros dos, penetrando por la de personal, se internaban en las oficinas diciendo a los empleados:  "Manos arriba; pero en seguida". 
Y todos obedecieron y se agruparon.

Ya unidos, los atracadores nos empujaron, junto con los clientes al archivo, y seguidamente comenzaron a despojar la caja.

El que vigilaba se creyó en el caso de darnos una explicación:

- Como ustedes verán sabemos que nos jugamos la viuda, y porque lo sabemos, nada nos importe ni nos amedrenta. Estamos dispuestos a llevarnos todo cuanto haya, y si ustedes dan un paso o piden auxilio o hacen un movimiento sospechoso, los que se la juegan son ustedes.

Uno de ellos, el que parecia dirigir la operación, no conforme con el dinero que encontraron en caja, pidió el libro de la misma.

- ¡No estaría conforme con el saldo de caja!

Poco después abandonaban la sucursal, llevándose un saco con 5.000 pesetas en plata, que pesaba 25 kilos.

En aquel momento extrañados de lo que sucedía, penetraron en la sucursal, don Enrique Díez Palazuelos y otras varias personas. Pero ya era tarde. Los atracadores habían desaparecido.

En la oficina se encontraban en esos momentos, los empleados, don Enrique Azcué, director; don Gabino Sete, interventor; do  Carlos Loyo, don Calixto Moncada; don Rafael Lanuza, don Gumersindo Vázquez y don Valentín Sobrino.

Las sucursales de ambos Bancos levantaron el acta de arqueo, que les permitió conocer la cantidad robada.

Esta fue, aproximadamente: 48.000 pesetas al Banco Santander, y 78.000 pesetas, al Banco Mercantil.

Pero ambas financieras estaban aseguradas contra robo por atraco y por ello les será resarcida dichas cantidades.

La calle donde están situadas las sucursales, era la más concurrida de Astillero.

En el momento de comenzar el atraco pasó frente a ellas un tranvía, el de las seis menos cuarto, sin que les preocupase a los atracadores lo más mínimo que les viesen los viajeros.

La distancia de una a otra sucursal era de cien metros.

Por entonces en la carretera de Beranga, muy cerca de Praves, casi al coronar la cuesta de Jesús de Monte, habían sido encontrados maniatados los choferes, José Fernández Pardo y Luis Fernández, conductores de los automóviles 5135 y 5406, matriculados en Santander.

Fue el 21 de marzo, a las tres menos veinte, dos individuos alquilaron el taxi conducido por Luis Fernández, para hacer un viaje a Beranga. Junto a los Almacenes El Norte subió en otro taxi, un individuo ocupando el asiento delantero, junto al chofer.

El auto tomó la dirección de la carretera general, subiendo por Cuatro Caminos, donde se detuvo a tomar gasolina.

Siguieron viaje hasta Beranga, donde los ocupantes les ordenaron detenerse. Rápidamente sacaron las pistolas y conminaron al chofer a bajarse y monte arriba les maniataron.

Lo mismo hicieron otros tres sujetos con José Fernández

Apoderados de los automóviles, se trasladaron al Astillero, donde les esperaban otros dos individuos. Divididos en dos grupos, realizaron los atracos en un plan combinado y preparado con gran precisión.

Tras realizar el atraco y con el botín, tomaron dirección de Santander, llegando a Cajo, junto a las tapias de la finca del doctor Morales, donde decidieron abandonar los automóviles y trasladarse en tranvía hasta Santander.

El día 22 muy de mañana, fueron encontrado dos sacos conteniendo bastante cantidad de dinero en plata. En seguida se supuso que fue la que robaron los atracadores en Astillero, y que, al tener que abandonar los automóviles para huir, la habían dejado, con objeto de no tener esa dificultad, que además de impedirles el andar cómodamente, les iba denunciando su paso. Uno de los sacos, el mayor, contenía 4.440 pesetas y el otro, 1.912, pesetas.

Tras realizar los arqueos contables en las cajas de ambos bancos, las cantidades exactas robadas fueron:

De la sucursal del Banco de Santander, 26.372,60 pesetas. De la sucursal del Banco Mercantil, 78.861,78 pesetas, de éstas 5.000 pesetas en planta y calderilla.

Cuando penetraron los atracadores en la sucursal del Banco de Santander, un empleado de Bedia y Pérez, llamado Manuel Bedia y Bedia, acababa de hacer entrega de mil quinientas pesetas, y se le estaba extendiendo el oportuno resguardo. Este señor fue también se incorporó al grupo de encerrados.

Un joven de Astillero, Antonio Velasco, que se encontraba con un carro a la puerta de la fábrica de alpargatas de la señora viuda de Palazuelos, en las inmediaciones del Banco Mercantil, conversando con otro joven, llamado Enrique Diego. Algo extraño debió observar el joven Velasco, por cuanto dijo a su compañero que algo anormal debía ocurrir en el Banco, pero cuando vieron salir a los ladrones con un saco de dinero y emprender la fuga, Enrique Diego avisó rápidamente, por teléfono, al cuartel de la Guardia Civil.

Estos jóvenes pudieron dar las señas de los atracadores, a los que vieron, y uno de ellos fue el que tomó el numero del automóvil.

El atraco se venia planeándose desde hacia días. Unos empleados de la Compañía de tranvías que prestaban el servicio entre Santander-Astillero, habían advertido que todos los días salían dos sujetos en el tranvía de las diez, con dirección a Astillero. Ya en este pueblo, permanecían solamente una hora.

Otro detalle: Viajaban en asiento distintos, no se hablaban, ni una sola vez durante el recorrido, pero uno de ellos pagaba invariablemente, el billete de ambos.

Parece ser, que este asunto, quedo olvidado, no llegaron a localizar a los atracadores y menos recuperar el dinero robado.



















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